Cartas de amor y de esperanza de un campesino aragonés a su familia
en la tormenta de la guerra y del exilio - (1939-1940)

Carta de Marcelino -coleccion personal

Cartas


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Redescubrimiento y olvido

Mi padre descubrió las cartas en Alcorisa a la muerte de mi abuela al quitar las cosas cuando se vendió la casa familial. Sabía que las cartas existían pero no les había leídas desde niño. Fue para el un choque, una parte de su propia historia volvía a su memoria de repente.

Mi padre recompilo las cartas a la maquina de escribir y pudo hacer solamente 2 fotocopias de las 72 cartas que eran en un muy mal estados porque escrito en un papel barato (un cuaderno de alumno seguramente pagado con el poco dinero que tenia Marcelino) y guardado en una vieja casa expuesta al duro tiempo aragonés. Pienso que mi abuela debia leerlas muy a menudo, ella que no se caso mas y que evocaba con emoción su relación con su marido. Pero eso si acelero el envejecimiento de esas. No existía a esta época el escáner, las computadoras con programas de retoque fotográfico y las fotocopias costaban caro en hacer. Solamente se pudo guardar unos sobres con los sellos, un certificado de la cruz roja notificando la muerte de Marcelino en Gusen, y unas pocas fotos que atravesaron el final del siglo veinte hasta ahora. Las hoja ellas cayeron literalmente en polvo, y un día mi padre, les disperso en el rió Seine en París como si dispersaba las cenizas de Marcelino.

Quedo un manuscrito que circulo entre las manos de muy pocos, miembros de la familia y amigos esencialmente. En España une capa de plomo parecía ser disparada sobre los recuerdos, pero peor aun, sobre la voluntad de recordarse. Hubo que esperar la muerte de Franco, el advenimiento tímido de una monarquía constitucional, para que poco a poco las mentalidades cambian. A menudo bajo la impulsivo de las jóvenes generaciones que querían conocer la historia que no se encontraba en ninguno manual escolar y que se susurraba a medio en el círculo familial.

copie de lettre, collection personnelle

Renacimiento

En 1995 uno de mis primos hizo publicar un artículo sobre la historia de las cartas en la revista española Interviú, y hubo un otro artículo en el periódico local de Alcorisa el Balcei. Pero eso fue todo, y las letras quedaron dormidas en nuestra biblioteca familial durante muchos años, hasta que decidimos poner a disposición de todos esta historia personal, pero también universal.

Las razones de hacerlo eran muchas y demasiadas numerosas para mencionarlos a todas, voy a dar solamente algunas:

El encuentro en Vinaros (Provincia de Castellón - Valencia) de mi padre con Francisco Batiste Baula uno de los pocos supervivientes de Mauthausen, y autor de El sol se extinguió en Mauthausen Ediciones Antinea (Vinaros - España), que habla con una lucidez poco común de su supervivencia este campo de exterminio. Leyó el manuscrito y fue él quien propuso a su editor de publicarlo.

Los acontecimientos de nuestro época. Recuerdo la tristeza de mi padre viendo a la televisión, columnas de civiles que huyendo los combates y los bombardeos durante la guerra en Yugoslavia. Esas "retiradas" no han cesado aun, la lista es tristemente larga y crece cada día mas.

En España las mentalidades cambiaban y la gente finalmente empezaba a hablar de esta época trágica. Los que tuvieron que irse, pero también los que tuvieron que quedarse (y que no estaban todos necesariamente franquistas, pero justos prisioneros de los eventos, atrapados por la historia) para llegar a lo que se llama, muy mal para mi, "la recuperación de la memoria histórica ", y que sigue siendo un proyecto abortado.

Pero hubo también el voto, siempre en España por los varios gobiernos, tanto de derecha como de "izquierda", con el pretexto de mantener la tranquilidad social y civil, de la ley de amnistía, borrando cualquier responsabilidad de los franquistas culpables de masacres de masa, de tortura o de secuestro de niños en particular. Eso también elimino al mismo tiempo las atrocidades cometidas por los oponentes, que no hay que olvidar también. Y la ley va mas lejos evitando de dar una seguida a los descubrimientos casi diarios de innumerables tumbas comunes que se encuentran en todo el país, incluso en algunas provincias de multas o la cárcel a cualquiera que se aventura a cualquier celebración en estos lugares. Una situación grotesca y totalmente surrealista en un país que está en segundo lugar sólo detrás de Camboya y de los masacres perpetrados por los Khmers Rojos de Pol Pot, en la cantidad de fosas comunes o en espera de ser identificadas para miles de víctimas. Triste récord.

De este lado de los Pirineos puedo también citar el retorno de un cierto negacionismo y de un racismo que se muestra abiertamente, debates pasados ​y actuales en Francia para saber lo que es un "verdadero" francés (¿soy francés de "tronco" o no?), quien puede obtener aqui asilo, o ser reconducido abruptamente en la frontera.

Espero que la lectura de esas cartas tendrán un efecto benéfico. Muestran a través de la historia de una sola familia, como viven y son tratados los vencidos, los humildes, los civiles en todas las guerras. La historia personal de Marcelino en este sentido es desgraciadamente universal. Es la historia de los que se encuentran en la rubrica de las estadísticas de los manuales de historia. No aparecen nunca como seres de carne y sangre sino como cifras frías y impersonales en la columna pérdidas o de "daños colaterales" que no nos da cuenta de que sus vidas, de sus esperanzas y de sus finas a menudo trágicas y brutales.

Debemos poner estos escritos en manos de la multitud, es por eso que se han publicado, para encender una luz, mismo tímida, en la noche de lo que llamamos civilización, alumbrar en las mentes una conciencia incluso pequeña y la oportunidad para que las personas afectadas por esas historias, esas vidas machacadas, de echar una mano a los pobres, los rechazados. Al igual de las muy pocas manos que ayudaron a mi abuela y sus hijos, (que siempre sean agradecidas por eso, sin ellas yo no escribiría hoy estas palabras) pero que no se abrieron para mi abuelo.

En eso, creo que esas cartas cumplen con su deber.


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